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La industria agroalimentaria avanza en su sostenibilidad

18/08/2014

La industria agroalimentaria, el primer sector económico del país, implanta medidas de ahorro y eficiencia de materias primas, agua y energía, mejora en la reutilización y el reciclado de envases, y avanza en la aplicación de otras buenas prácticas de sostenibilidad ambiental.

Óscar Hernández, director Relaciones Institucionales, Asuntos Regulatorios y Medio Ambiente de la Corporación Pascual, lo tiene muy claro: "El problema del medio ambiente es que no está integrado en el relato económico". No obstante, también sabe -y así lo dice- que el cuidado del medio ambiente y la aplicación de prácticas sostenibles tiene una importancia creciente para los consumidores, razón por la que se va a convertir en un elemento diferenciador de primer orden para las empresas que compitan en cualquier mercado.

Su convicción acerca de que las buenas prácticas permiten ganar el favor de los consumidores es común a toda la industria agroalimentaria, el primer sector de la economía española, formado por 30.000 empresas -dan empleo a 440.000 trabajadores- que facturaron el año pasado más de 90.000 millones de euros, según los datos de la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (Fiab).

Además de la conveniencia de seducir a los consumidores con el valor añadido de la sostenibilidad, otro elemento empuja al sector hacia la reducción del consumo de energía, agua y materias primas: la necesidad de optimizar los procesos, por la sencilla razón de que no hacerlo va en contra de la viabilidad económica de cualquier empresa.

Algo más que eficiencia y búsqueda de la diferenciación

La convergencia de ambos fenómenos -la búsqueda de la diferenciación ventajosa frente a la competencia y la necesidad de ser más eficiente- puede aclarar parte del comportamiento más sostenible de las empresas agroalimentarias, pero no todo.

También hay que tener en cuenta la regulación, que cada vez impone exigencias y objetivos ambientales más elevados, y el compromiso de las empresas; sólo ese compromiso explica prácticas antieconómicas, como que la flota de vehículos corporativos sea híbrida o que no se empleen gases fluorados, mucho más potentes que el CO2 para el calentamiento global.

Este compromiso tiene un buen ejemplo en el Convenio de Colaboración voluntario en materia de sostenibilidad que firmaron el año pasado la industria alimentaria y el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (Magrama), "un caso único en Europa", como destaca Horacio González-Alemán, ex director general de Fiab: "Las decisiones empresariales tienen cada vez más relevancia en los temas sociales y medioambientales; conscientes de ello, las empresas contribuyen al desarrollo sostenible mediante acciones que garantizan la protección del medio ambiente y fomentan los valores sociales".

Para analizar la relación de la industria alimentaria con las prácticas ecológicas, Fiab ha organizado el Congreso Alimentos en un Futuro Sostenible: Retos Medioambientales de la Industria Alimentaria 2020, celebrado recientemente en Madrid. Durante la clausura, el secretario de Estado para el Medio Ambiente, Federico Ramos, pudo afirmar con cierto orgullo que "la sostenibilidad ya forma parte de la cadena de valor empresarial y es un elemento necesario en la toma de decisiones de inversión".

Aprovechamiento de recursos

El aprovechamiento de recursos tiene un elemento distintivo en el sector: el desperdicio de alimentos, asunto particularmente sangrante, que sigue mostrando unas cifras elevadas: de acuerdo con los datos de la Comisión Europea, en España se pierden ocho millones de toneladas de alimentos anualmente; la mayoría lo hace en los hogares, con el 42 por ciento, aunque todavía sigue habiendo un 39 por ciento que corresponde al procesado de los alimentos, un 14 por ciento a la restauración y un 5 por ciento a la distribución.

Estos porcentajes son acordes con la condición de país rico de España, puesto que las pérdidas durante el transporte y el procesado son mucho más bajas que en los países pobres, cuyos menores medios les afectan en los procesos posteriores al cosechado, el almacenamiento y el transporte. Sin embargo, todavía hay carencias metodológicas que impiden obtener datos comparables y representativos.

La Comisión se ha fijado como objetivo reducir a la mitad este desperdicio en 2020 y la industria nacional está colaborando con ello en varios frentes, tanto en el ámbito europeo, como el nacional o el interno de cada compañía. El objetivo común a todos ellos es desacoplar el crecimiento del consumo de recursos y los impactos ambientales.

Merece la pena destacar la colaboración de la industria con la iniciativa Más Alimento, Menos Desperdicio, del Magrama, orientada a reducir al máximo las pérdidas de comida. Ana Palencia, directora de Comunicación de Unilever España, ponía como ejemplo de esta colaboración entre el sector privado y la Administración la Guía Contra el Desperdicio Alimentario, al alcance del público en la página web de la empresa.

Reducción del consumo de agua

El agua es básica, tanto para la producción de alimentos como para la producción de bebidas y, por lo tanto, es otra prioridad del sector. En Europa el consumo de agua de las empresas alimentarias se ha reducido un 33 por ciento entre 2006 y 2010, y los vertidos se han reducido considerablemente: el ritmo de instalaciones de depuración ha aumentado desde el 6,1 por ciento que marcaron en 2004 hasta el 8,38 por ciento de 2008.

En España, los datos aportados por las asociaciones integradas en Fiab también muestran una tendencia positiva. Así, Anfabra, la Asociación de Bebidas Refrescantes, indica que sus miembros han conseguido reducir la utilización de agua en un 8 por ciento entre los años 2010 y 2012, y Cerveceros de España, por su parte, apunta que ha bajado un 1,2 por ciento en el mismo periodo.

Para las empresas integradas en Aneabe, la Asociación Nacional de Empresas de Aguas de Bebida Envasadas, los recursos hídricos tienen, lógicamente, una relevancia aún mayor, puesto que su negocio se centra en el agua mineral. Irene Zafra, secretaria general de la entidad, destacaba el compromiso que tienen sus asociados de reducir el consumo un 5 por ciento para 2015 y destacaba que ya se sitúan por debajo de la media de la UE, puesto que necesitan 1,5 litros por cada litro de agua mineral, mientas que la media continental se sitúa en 1,6 litros.

Algunas empresas, como Nestlé, ya han conseguido desacoplar la producción del consumo de agua. Jordi Aymerich, responsable de Sostenibilidad y Medio Ambiente de la compañía, explicaba que en su fábrica cántabra de La Penilla de Cayón las necesidades de agua se han reducido un 66 por ciento desde 2011 y que las factorías españolas son más eficientes que las del resto de Europa.

Menores necesidades de energía

Las empresas alimentarias son responsables del 9,9 por ciento del total del consumo energético industrial y, según los datos del Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía, han conseguido reducirlo un 2,7 por ciento entre 2007 y 2010. El descenso de la intensidad energética -energía por unidad de producto- es todavía mayor: un 46 por ciento entre 2002 y 2011.

Paralelamente, se ha producido un trasvase desde fuentes de energía muy contaminantes, como el fuelóleo, hasta otras más limpias, como el gas natural, o totalmente sostenibles, como las renovables, sobre todo biomasa y biogás: el alimentario es el sector es el que más plantas de cogeneración dispone de todos, con 159 centrales de producción de electricidad y calor útil que suman 1.270 MW.

Sin embargo, como destacó Horacio González-Alemán, ex director general de Fiab, la incertidumbre jurídica y los cambios regulatorios que han afectado al sector eléctrico en los últimos años ha mermado considerablemente las posibilidades de la industria de aplicar más soluciones de ahorro y eficiencia energética.

La reutilización y el reciclado de envases tienen un peso relevante en el sector. Así, en el primer caso, por ejemplo, Cerveceros de España indica que sus socios vuelven a emplear el 21 por ciento de los envases, mientras que en el segundo se cuenta con dos grandes sistemas integrados de gestión, Ecoembes y Ecovidrio.

Aproximadamente el 80 por ciento del peso de los envases gestionados por Ecoembes tienen su origen en la industria agroalimentaria, porcentaje que aumenta hasta el 99 por ciento en el caso de Ecovidrio. El nivel del reciclado de vidrio se sitúa en el 66,6 por ciento, dato que sube por encima del 70 por ciento en los demás envases.

Entre las actuaciones en el campo de la prevención de residuos ocupa una posición prevalente el ecodiseño. En el caso del vidrio se han implantado más de 6.000 medidas en los últimos cinco años, que han permitido reducir el peso de los envases en un 10 por ciento. En el caso de los demás envases, las medidas implantadas ascienden a 3.455 en los últimos 12 años, que han permitido reducir su peso un 12 por ciento.

La industria agroalimentaria, por otro lado, presta atención a otros ámbitos de la producción sostenible, como el cálculo de la huella de carbono de sus actividades, llegando a adentrarse en toda la cadena de proveedores. Igualmente, está activa en otros campos, como la compensación de sus emisiones con la inversión en sumideros de carbono, opción disponible en España desde hace unos meses con la creación del Fondo de Carbono.

Los cinco retos de la industria alimentaria

1) Alimentar a una población creciente en un entorno de escasez de recursos.

2) Gestionar los recursos hídricos de forma más sostenible.

3) Mantener la competitividad industrial en un entorno de incertidumbre jurídica y dependencia energética.

4) Mejora de la eficiencia de los procesos y mitigación del cambio climático.

5) Minimizar el impacto ambiental de los envases.


(Fuente: elEconomista.es)

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