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Editorial

El pasado 31 de diciembre, como viene siendo habitual durante muchos años, se celebraron en la Puerta del Sol de Madrid las tradicionales campanadas de fin de año, pero a diferencia de otros años, y en relación con la seguridad, las administraciones locales y autonómicas, Ayunta miento y Comunidad de Madrid, realizaron una serie de modificaciones en su organización, con la idea de conseguir que el evento resultase mucho más seguro.

Normalmente, en otros años, se producía una situación alta de riesgo debido al gran número de personas que se concentraban en un espacio reducido y delimitado, teniendo en cuenta, además, que mucho de los asistentes, por la celebración del propio evento, se encontraban bajo los efectos del alcohol o en una situación demasiado eufórica y de excitación que podrían provocar reacciones violentas o al contrario, la posible paralización y la alineación más absoluta sobre lo que pudiera pasar en torno a ellos. Ya el año pasado, se registraron varias llamadas a la Policía por parte de los asistentes, que estaban muy nerviosos, dando cuenta de que llevaban más de dos horas sin poderse mover dentro de la plaza, que estaban muy agobiados y que querían salir de allí. La densidad de ocupación que se pudo comprobar por el estudio de las fotografías realizadas esa misma noche era de entre seis y siete personas por metro cuadrado, densidad que resultaba altamente preocupante, ya que por la propia aglomeración y el lógico agobio, se podía alterar la activación fisiológica de las persona, creando situaciones de pánico. Además, este año, había que tener también en cuenta el nivel 4 de alerta antiterrorista que se había decretado por parte del Ministerio del Interior, debido a los recientes atentados ocurridos en el pasado mes de Noviembre en Paris.

Ante esos precedentes, por parte de las administraciones responsables, se buscaba ser más racional con el uso del espacio público, con la idea de combinar el derecho a la diversión con el derecho a la seguridad de todos los asistentes.
En primer lugar, y por primera vez en la historia, se decidió limitar el aforo de los asistentes a la Puerta del Sol estableciendo un aforo máximo de 25.000 personas que, teniendo en cuenta la superficie de la misma, resultaba una densidad de ocupación de 2,6 personas por metro cuadrado, muy por debajo que la del año anterior. Para garantizar este aforo, se desalojó la Plaza tres horas antes de las campanadas, y posteriormente se establecieron solamente cuatro accesos, donde los voluntarios de Protección Civil fueron realizando el conteo de las personas, a la vez que se les requisaba todo tipo de elementos que pudieran provocar cualquier situación de pánico como petardos, bengalas, vidrios y objetos contundentes que pudieran ser utilizados como elementos arrojadizos y que pudieran comprometer la seguridad de los asistentes.

Cuando se alcanzó el número establecido, se cortaron los accesos, y se le comunicó al público que pretendía acceder, a través de unos paneles, que el acceso estaba ya cortado, situación que fue asumida por el público con total normalidad.
Por otra parte, y para garantizar la evacuación ante cualquier incidente o el acceso rápido de los servicios de emergencia, se dejaron completamente libres de público varias zonas de la plaza, y el resto de las calles que acceden a la Puerta del Sol, a excepción de las cuatro que se consideraron para su acceso, permitiéndose solamente el paso de las personas que acudían a algún establecimiento comercial o alguna vivienda. Esta actuación que en años anteriores podría haber parecido exagerada, complicada o incluso impensable por parte de las autoridades políticas, se llevó a cabo con una absoluta normalidad, tanto por el público asistente como por las fuerzas y cuerpos de seguridad que actuaron en ella. Eso sí, se tuvo que aumentar un 15% más, con respecto al año pasado, los efectivos que llevaron a cabo el dispositivo.

El éxito del operativo, también se consiguió porque se pudo realizar la implantación del mismo, ya que el día anterior se pudo realizar un simulacro de actuación aprovechando el ensayo de las campanadas, acto que se lleva celebrando en la Puerta del Sol desde hace años, al que asisten también un gran número de personas y que se denomina las "pre-uvas".

En fin, no me quiero extender en describir todo el dispositivo desplegado y el plan de emergencia dispuesto para esa noche, que fue muy efectivo, pero si quiero resaltar lo importante de la intervención ya que con este tipo de medidas, el ciudadano se siente protegido, y sobre todo quiero hacer hincapié en la, cada vez mayor, educación social que se está consiguiendo en la población, basada, entre otras cosas, en la aceptación de la autoprotección frente a los riesgos y las emergencias, por muy complicado que a veces pueda resultar su diseño, implantación y control.

No fuimos los únicos. En todas las ciudades europeas, en un mayor o menor grado, se activaron esa noche medidas especiales y excepcionales de seguridad por temor a que se realizara algún atentado en algún espacio emblemático. Por ejemplo, en París, para evitar una gran aglomeración de personas se suspendieron los tradicionales fuegos artificiales desde la Torre Eiffel, se restringió el tráfico en todo el centro de la ciudad y se prohibió la venta de material pirotécnico. En Roma, también se limitó el aforo y hubo controles de acceso en el principal acto que se realiza en esa ciudad, el concierto en el Circo Máximo. En Moscú y en Berlín se impidió el acceso a la Plaza Roja y al Parque Tiergarten, respectivamente, donde normalmente se reúnen muchos berlineses para celebrar el fin de año. Y en Bruselas, las autoridades no tuvieron más remedio que cancelar todas las celebraciones de la Nochevieja ante, lo que la autoridad entendía como, una posible y directa amenaza terrorista.

Por supuesto que estas medidas no son del gusto de nadie, pero entiendo que deben ser aceptadas por el ciudadano en aras de su propia seguridad, y deben tenerse en cuenta ante cualquier indicio de riesgo que pueda suponer una amenaza importante para la población. Por otra parte, los gobernantes y dirigentes no deben dudar ante la decisión de llevarlas a cabo. Desgraciadamente, las circunstancias actuales, por los hechos que se están sucediendo, exigen cambios, y todos debemos adecuarnos a ellos.

A nadie le gusta tener que esperar un montón de tiempo en la cola de un control de acceso a la zona de embarque de un aeropuerto, y tener que quitarte la ropa, el calzado, el cinturón, etc., pero está claro que todo ese fastidio va en beneficio de nuestra seguridad. En fin, que le vamos a hacer, no hay más remedio que adaptarnos a los nuevos tiempos, ya se sabe: Año nuevo, vida nueva.

Al respecto, quiero recordaros que el próximo mes de Febrero vamos a empezar un nuevo Curso en la Cátedra de Prevención y Responsabilidad Social Corporativa sobre la elaboración de los Planes de Emergencia y Autoprotección, donde, entre otras cosas, valoraremos las distintas actuaciones que deben tener en cuenta los responsables de seguridad de las empresas para hacer frente a estos y otros eventos en los que se producen grandes aglomeraciones de personas y donde hay que saber evaluar los medios de protección que deben ponerse en funcionamiento para hacer frente a todos los riesgos posibles.

¡¡Que este año 2016 sea un año seguro para todos!!

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© Cátedra Prevención y Responsabilidad Social corporativa 2011. Actualizada el 03/05/2020
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