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Editorial

Responsabilidad Social y Universidad

Salvador Pérez Canto

Profesor de la E.T.S.I.Industriales
Universidad de Málaga

¿Es consciente el estudiante de la universidad pública del esfuerzo que hace la sociedad al invertir en su formación? Es posible que muchos alumnos universitarios no se hayan planteado jamás esta pregunta. Sin embargo, se trata de un asunto que no hay que pasar por alto. Vivimos en una sociedad en la que estamos habituados a anteponer nuestros derechos a nuestras obligaciones y, aunque sin menospreciar a los primeros, se les da típicamente mayor peso específico en detrimento de los segundos.

La formación de un universitario en la enseñanza pública le cuesta a la sociedad bastante más que al propio estudiante, concretamente este último paga de promedio un 10-15% del coste total. Cabría plantear la posibilidad de articular una serie de mecanismos que permitiesen devolver parte de esa formación a la sociedad. Si bien es cierto que el egresado es un profesional que acaba prestando sus servicios a dicha sociedad, lo hace mediante una contraprestación económica. Desde mi punto de vista, sería muy interesante que durante la etapa formativa, el estudiante devolviese parte de la inversión mediante determinados servicios a la comunidad. Es lo que se ha dado en llamar Acción Social, elemento que se configura dentro de la Responsabilidad Social.

En las universidades de Latinoamérica la filosofía de la Acción Social constituye un eje básico de su funcionamiento. Los alumnos ven las actividades sociales como una obligación con la que se sienten plenamente identificados, satisfechos y realizados como personas. Dedican parte de su tiempo ayudando al desarrollo de determinados grupos sociales en aquellos campos vinculados con sus estudios, por ejemplo, ingeniería, economía, magisterio, psicología, derecho, etc. Mis múltiples viajes a países sudamericanos y los contactos con universidades de allí, me han hecho reflexionar profundamente a este respecto. En España tenemos mucho que aprender de nuestros países hermanos. Hemos creado una sociedad un tanto egoísta, poco generosa con los demás. Esto mismo se les transmite a nuestros universitarios, quienes no se ven involucrados en el aspecto social, no asumen el rol social de su formación universitaria. Se hace necesario pues inculcarles el principio de la reciprocidad social: si tú me ayudas a formarme, yo te ayudo a progresar.

Europa se encuentra inmersa en el denominado Proceso de Bolonia. La universidad europea se ha caracterizado siempre por sus principios humanistas, a diferencia, por ejemplo, del modelo americano, de un cariz mucho más capitalista. Los pilares que vertebran el nuevo Espacio Europeo de Educación Superior son esencialmente: homogeneización de títulos para la libre circulación de profesionales, movilidad de estudiantes y profesores, así como cambios metodológicos. Estamos ante una oportunidad única de incorporar aspectos sobre responsabilidad social en las nuevas directrices universitarias. Es una labor ardua, ya que se trata de concienciar a nuestros jóvenes a trabajar para la sociedad. Padres y profesores juegan un papel trascendental.

Una universidad socialmente responsable será aquella que incorpore actividades de acción social a sus esquemas de trabajo, actuaciones que hagan que sus estudiantes reviertan en la sociedad la inversión que ésta hace en ellos. La universidad ha de estar plenamente integrada en el entorno social donde se ubica, es su razón de ser. La retroalimentación que permite la acción social es un una vía para ello. Hay que formar a nuestros estudiantes en valores sociales. Una universidad competitiva no puede medirse exclusivamente en términos de eficiencia empresarial, si no que ha de definirse también como una universidad que coadyuva al desarrollo social.

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© Cátedra Prevención y Responsabilidad Social corporativa 2011. Actualizada el 03/05/2020
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