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Editorial

A lo largo de los últimos años, en el ámbito europeo concretamente, se han desarrollado importantes acciones para la reducción de la siniestralidad laboral. Desde esa perspectiva, los que hemos tenido la suerte de participar en su desarrollo nos hemos convertido en espectadores de la evolución de la prevención.

La realidad preventiva empresarial es compleja y heterogénea. Los riesgos, los factores de riesgo y las causas de los accidentes son aspectos que dependen de múltiples circunstancias. Sin embargo, sí podemos observar que la mayoría de las organizaciones, al menos aquellas con un compromiso claro con la seguridad y salud, han adoptado las medidas e instrumentos recogidos en la legislación de prevención de riesgos laborales. Son muchas las actuaciones de técnicos habilitados, inspectores de trabajo y técnicos de prevención en las que la revisión de las medidas preventivas es razonablemente positiva.

¿Por qué seguimos teniendo accidentes? Esta pregunta y su consecuencia, ¿Qué deberíamos hacer entonces ahora? están relacionadas con el título de esta editorial. Las fronteras de la prevención, para ese número cada vez más amplio de empresas en las que se adoptan las medidas previstas en la legislación vigente, no están ya en los factores técnicos ni organizativos en el sentido de aspectos no conformes a la normativa, y debemos buscarlos en otros aspectos.

En mi opinión, basada en observaciones y no en hechos demostrables desde el punto de vista académico, en el mundo de la seguridad laboral nos faltan herramientas para medir el desempeño en la componente “social” de una materia de naturaleza “socio-técnica” como es la seguridad y la prevención de accidentes.

El progreso, comparativamente mayor, en la seguridad técnica ha venido de la normalización pero sobre todo de la infraestructura para la calidad y seguridad industrial. Sirva de ejemplo la mejora en los equipos de protección individual. Ese progreso, también en mi opinión, está ligado a la posibilidad de medir, certificar y acreditar un determinado nivel de seguridad.

Sin embargo, y por analogía, pocas son las organizaciones que miden, certifican y pueden acreditar aspectos, también en mi opinión mucho más importantes, como el clima de seguridad de sus empleados, su actitud hacia la seguridad, las competencias alcanzadas en la formación de seguridad, la cultura de seguridad de la organización o la capacidad de responder a errores o situaciones no previstas.

Salvando las distancias, el movimiento que se ha producido hacia estas cuestiones en mundos muy diferentes, pero con la misma problemática de la aparente dificultad para seguir mejorando la seguridad, como son la aviación civil, la seguridad vial o las centrales nucleares, deben servirnos de orientación a la hora de pensar donde están las próximas áreas de mejora, las fronteras de la prevención de riesgos laborales.

Sin duda es más difícil trabajar con el factor humano y el factor organizacional. No está en ningún reglamento, no nos van a sancionar por no medir esos aspectos o por no trabajar para su mejora. Pero el paralelismo entre medir y mejorar el desempeño en estos aspectos como objetivo intermedio para evaluar la capacidad de la organización de evitar accidentes, y del nivel de seguridad por tanto, y el éxito que en la mejora de las condiciones técnicas se ha obtenido mediante la implantación de la infraestructura de seguridad y calidad industrial, deben animar a los estudiosos y a los técnicos de la seguridad a perfeccionar y sobre todo llevar al día a día de la empresa herramientas de medición y control de la pata “social” de la prevención.

Quizás llevemos demasiado tiempo poniendo el foco en ¿porqué se producen los accidentes? y haya llegado la hora de preguntarnos ¿están nuestros trabajadores y organizaciones preparamos para evitarlos?

D. Jesús A. Carrillo Castrillo
Jefe del Servicio de Planificación y Promoción Técnica
Dirección General de Seguridad y Salud Laboral


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© Cátedra Prevención y Responsabilidad Social corporativa 2011. Actualizada el 03/05/2020
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