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Editorial

¿Es usted de los que piensan que la relación laboral termina cuando el trabajador sale por la puerta de la empresa o piensa que eso no es así?

Si es de los primeros ¡Felicidades! Se acaba de ahorrar usted un montón de quebraderos de cabeza y no hace falta que pierda el tiempo leyendo estas líneas o ¿tal vez merezca la pena los tres minutos que le va a costar?… Si es de los segundos lamentamos recibirle en el mundo real.

Efectivamente. Es falso. La relación entre empresa y trabajador va mucho más allá de la jornada de trabajo. Pueden suceder demasiadas cosas y, algunas de ellas, producir efectos directos en la empresa: económicos y negativos. De esos que van directamente contra la cuenta de resultados. Y eso sin contar con lo esencial, con que el dolor, el peso de los sentimientos, la sombra y efectos de la tristeza, no se pueden medir, por mucho que su marca sea profunda y perdure en el tiempo.

No es que tal vez lo sepamos. Lo sabemos, seguro. Pero nos empeñamos en mirar hacia otro lado ¿No sería más fácil dedicarle un par de horas a hacer las cuentas? ¿No sería mejor evaluar el coste de esos riesgos y el de posibles medidas para, sino erradicarlos, minimizarlos?
Para empezar no vamos a ir demasiado lejos, no se trata de quemar todas las neuronas el primer día. Simplemente un poco de imaginación. Reflexiones sobre diferentes supuestos.

Supongamos que un trabajador de mi empresa…
• Tiene un accidente de tráfico volviendo a casa
• Tiene un accidente de tráfico en vacaciones
• Es atropellado cuando iba a trabajar
• Sufre lesiones graves porque otro vehículo se salta un semáforo en rojo
• Tiene un accidente en el parking de la empresa
• Sufre, como conductor, un accidente de tráfico en un viaje de trabajo
• … la imaginación es libre…

Tenemos algún dato (2010, por ejemplo). El 11,8% de los accidentes de trabajo fueron in itinere. El 10,1% de los accidentes de trabajo fueron accidentes de tráfico (tanto dentro de la jornada como al ir o volver de él), 757 accidentes laborales con resultado de muerte y, de ellos, 287 en tráfico (188 in itinere y 99 en la jornada laboral). El 87,8% de los accidentes de trabajo mortales al ir y volver del trabajo fueron accidentes de tráfico. Súmense las lesiones, daños, bajas…

Y, claro, surgen preguntas. Siempre hay preguntas ¿Son todas las situaciones iguales? ¿Sufre la empresa un daño directamente relacionado con ese hecho y que pueda ser evaluado económicamente? ¿Hay que esperar a que suceda? ¿Me quedo sentado en mi mesa y ruego que no pase nada?

Pues no. Hay otras alternativas que, en la práctica, se están mostrando económicamente viables y rentables… porque cuesta menos de lo que generan. Eso o elegir entre la Virgen del Carmen o San Cristóbal (por ejemplo, ya que en este ámbito las posibilidades son muy variadas).

Tal vez sea el momento. No tanto por la falacia china de la oportunidad en las crisis como por el pensamiento, mucho más próximo, de hacer, de la necesidad, virtud (económica, por supuesto).

F. Javier Fuertes López
Magistrado Suplente



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