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Editorial

Como profesor de Seguridad y Prevención de Riesgos Laborales, muchas veces he tenido la sensación de que, en general, no se prestaba la importancia necesaria a la señalización. Si es indiscutible la utilidad de las señales a la hora de dar información en innumerables situaciones, cuando dicha señalización es de seguridad, sabemos que las vidas de muchas personas pueden depender de ella.

Hay muchos factores que pueden hacer que, dentro de un edificio, una distribución de señales funcione correctamente o no. Muchos de ellos no dependen del técnico que las planifica, como los materiales utilizados para su elaboración o las características de cada señal. En lo que sí juega un importante papel es en la elección de las señales adecuadas o en su emplazamiento óptimo y, evidentemente, a decidirlo se aprende. Se puede aprender con la experiencia, probando con distintas combinaciones o prestando atención a normativa aplicable (especialmente la Directiva europea 92/58/CEE, transpuesta por el Real Decreto 485/1997; la norma UNE-1115:1985, que relaciona la distancia máxima a la que se podrá comprender una señal con la superficie de ésta y el Real Decreto 314/2006, que aprueba el Código Técnico de la Edificación). Pensando como docente, creo que quienes explicamos este tipo de cuestiones tenemos una importante responsabilidad.

Cuando nos planteamos la ubicación de una señal en un edificio, hemos de tener en cuenta desde qué puntos se podrá observar correctamente. Según la normativa española mencionada, la distancia a la que una señal podrá comprenderse ha de tenerse en cuenta y está claramente definida, pero, ¿y si no estamos justo en frente de la señal? ¿Cuál es el ángulo máximo a partir del cual dejamos de ver claramente una señal? En este sentido, hemos de tener en cuenta si la señal es plana (colocada sobre la pared), si está colgada o es perpendicular a la dicha pared (con las dos caras impresas) o si se trata de una señal “panorámica” (señal con dos superficies que forman un ángulo recto entre sí), cuyo ángulo de cobertura es mayor que en los otros casos. Ya que los fabricantes ponen a nuestra disposición distintos tipos de señales, según su geometría/ubicación, y no sólo señales planas con distintos tamaños, parece razonable realizar un esfuerzo por utilizarlas de forma adecuada, optimizando las disposiciones de señales en los edificios y entornos. De ese modo, suele ser posible proyectar distribuciones de señales en las que es necesaria una menor cantidad de éstas, para obtener superficies cubiertas superiores a las que se logran usando únicamente señales planas y sin una ubicación adecuada.

Estamos comprobando que una forma muy eficaz de aprender a distribuir de forma óptima las señales de seguridad es observando las áreas que cubren en un plano y experimentando con distintas combinaciones de tamaños, geometrías y ubicaciones. Para poder experimentar con un coste (económico y temporal) mínimo, las herramientas de CAD (Diseño Asistido por Ordenador) pueden ser de gran ayuda y por eso nos parece adecuado utilizarlas en clase, exprimiendo al máximo su potencial pedagógico. Gracias a su utilización, en tan solo una clase, podemos hacer pruebas con varias combinaciones de señales, consultar a los alumnos, probar sus sugerencias o evaluar los conocimientos aprendidos, en función de las necesidades docentes.

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© Cátedra Prevención y Responsabilidad Social corporativa 2011. Actualizada el 03/05/2020
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