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Editorial

¿Gestoría o consultoría?: una reflexión sobre la calidad en los servicios de prevención

Pere Boix i Ferrando

Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud (ISTAS)
Centro de Investigación en Salud Laboral (CiSAL)

Tal vez una de las definiciones más sencillas y operativas de calidad es la de fitness for purpose, es decir, la adecuación a un propósito.

La aplicación de esta idea a los Servicios de Prevención plantea el problema de definir el propósito de dichos servicios. Una cuestión nada baladí, sobre la que desgraciadamente no abundan reflexiones ni debates, inmersos como estamos en la cultura mercantilista y acomodaticia de una oferta de servicios preventivos, cuyo propósito en ocasiones no es otro que el de satisfacer una doble demanda: minimizar la interferencia en el proceso productivo (demanda de la empresa) maximizando la justificación documental del cumplimiento de las obligaciones (demanda de la inspección de trabajo). Una oferta que viene a colocar de facto a los Servicios de Prevención en la categoría de las gestorías.

Fruto de esta dinámica dominante se llegan a perder de vista los dos vectores esenciales de la actividad profesional en prevención cuya resultante es lo que debería definir la calidad del servicio. Los dos vectores de los que hablamos son, por una parte, la calidad técnica de las actuaciones y, por otra, la integración de la prevención, es decir, la capacidad de implicar a la empresa en el control del riesgo. Ambos son igualmente necesarios hasta el punto que el uno sin el otro dejaría sin sentido todo planteamiento de calidad.

Aunque teóricamente nadie pondría en duda la necesidad de basar la actuación profesional en el rigor científico, no podemos dejar de señalar una serie de factores que juegan en contra de este principio y que pueden llegar a comprometer la calidad técnica de dicha actuación. Citaremos, en primer lugar, los condicionantes de supervivencia en el mercado que pueden condicionar actuaciones de complacencia con la empresa-cliente alejadas de sus verdaderas necesidades preventivas. Por otra parte, el peso del marco legislativo genera a veces procedimientos rutinarios al margen del criterio profesional. Todo lo cual alimenta una mentalidad profesional acomodaticia, conformista y sumisa, cada vez más pendiente de los aspectos formales y menos preocupada por las evidencias en que debería basar sus actuaciones para conseguir los mejores resultados (Hulshoff C. 2007).

No obstante, de poco servirá la calidad técnica de un informe si no acaba siendo utilizado por sus destinatarios. Sabemos que los resultados preventivos, es decir, evitar el daño a la salud, dependen de que la empresa utilice efectivamente la información rigurosa que le pueda ofrecer un Servicio de Prevención.

No parece admisible que los prevencionistas se desentiendan de la aplicación de sus recomendaciones, encastillados en el búnker de la calidad técnica sin ocuparse de lo que pasa afuera. No es así en otras profesiones. Un médico cuyas finas prescripciones terapéuticas no son seguidas por sus pacientes o un abogado que, a pesar de sus brillantes y rigurosas alegaciones, pierde todos los pleitos, no se consideran buenos profesionales. Del mismo modo, no basta con llevar a cabo una impecable evaluación de riesgos. El prevencionista debe asumir como parte integrante de su rol profesional hacer todo lo posible para lograr que la empresa gestione adecuadamente los riesgos evaluados. Y para ello, debería desplegar todo un conjunto de técnicas y habilidades en materia de comunicación, asesoramiento y facilitación, que convertirían al Servicio de Prevención no ya en una gestoría sino en algo más parecido a una consultoría.

La actividad profesional en prevención, por tanto, debe considerarse básicamente en términos de transferencia del conocimiento científico a la empresa, para que ésta tome las mejores decisiones con el fin de proteger la salud y seguridad de los trabajadores. Así, podríamos resolver la cuestión inicial sobre el propósito de un Servicio de Prevención definiéndolo como el de “promover y facilitar procesos de cambio en la empresa” en orden a mejorar las condiciones de trabajo y proteger la salud de los trabajadores (Rantanen J. 2001). Con ello, el reto de calidad profesional para los prevencionistas estaría en su capacidad de fundamentar la práctica profesional sobre bases científicas, como forma de contrarrestar los condicionantes externos y de mejorar su independencia, asumiendo al mismo tiempo un rol activo de agentes de promoción de cambios para mejorar las condiciones de trabajo (Westerholm P. 2000).


BIBLIOGRAFÍA

Boix P. (Coord.) Informe sobre la calidad de los servicios de Prevención en España. Observatorio de Salud Laboral, 2008. Disponible en http://www.upf.edu/cisal/_pdf/Informeqsp.pdf

Hulshof C, Hoenen J. Evidence-based Practice Guidelinesd in OHS: Are they Agree-able? Ind Health 2007;45:26-31

Rantanen J (ed) Survey of the quality and effectiveness of Occupational Health services in the European Unio, Norway and Switzerland. People And Work research Reports Nº 45. Helsinji: Finnish Inastitute of Occupational Health, 2001

Westerholm P, Hasle P, Fortuin R. Multidsciplinary Health Services as external agents of change. En Frick K (ed) Systematic Occupational Health an Safety Management. Oxford: Elsevier Science Ltd. 2000



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