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Editorial

A finales del siglo XVIII tuvo su inicio la primera revolución industrial, que cambió el sistema de producción; pasando, de un modelo artesanal, al desarrollado mediante maquinaria accionada por corrientes de agua y vapor, facilitando la fabricación en mayor escala. El mayor impacto de esta primera revolución industrial se produjo en Inglaterra; donde, a mediados del siguiente siglo, prácticamente toda la industria acaba incorporando las máquinas de vapor en sus sistemas productivos.

La segunda revolución industrial tuvo lugar a principios del siglo XX, cuando se incorporan nuevas fuentes de energía en el accionamiento de la maquinaria; de manera que, en las cadenas de montaje, se favorece aún más la producción masiva, con una importante disminución de costes.

La tercera revolución, conocida como revolución científico-tecnológica o revolución de la inteligencia, se inició en la década de los 70 del pasado siglo, y se caracterizó por la automatización de los procesos de fabricación y la informatización de la gestión en las empresas industriales.

No fue hasta el año 2011 cuando Alemania acuñó el concepto de “Industria 4.0”, para referirse a la cuarta revolución industrial, definida básicamente por la incorporación de la tecnología digital a la industria. Este concepto implica la aplicación de un conjunto de nuevas técnicas en toda la cadena de valor; de forma que, todos sus procesos se conectan e interactúan entre sí, como un todo único, generando beneficios, tanto a nivel de los procesos como de la productividad, repercutiendo igualmente en los productos, la calidad y el modelo de negocio.

Los principales desafíos de esta nueva revolución consistirán en el desarrollo de software, sistemas de análisis masivo de datos y su almacenamiento, la incorporación de sensores y electrónica a los distintos elementos que interactúan en los procesos productivos y en los productos derivados de ellos, la convivencia hombre-máquina y la disponibilidad de información enriquecida, para una mejor y más acertada toma de decisiones en cualquier sector industrial. Concretamente, consisten en la fabricación aditiva o impresión 3D, el Internet de las Cosas (objetos conectados a la red de forma autónoma), la robótica colaborativa, el universo de la nube (almacenamiento digital), big data (análisis de grandes volúmenes de datos), realidad virtual y realidad aumentada, drones y otros vehículos no tripulados.

La aplicación de estas tecnologías puede ofrecer grandes posibilidades en el mundo de la Prevención de Riesgos Laborales y de la Seguridad y Salud, en todos los sistemas productivos. Por ejemplo, las tecnologías de realidad virtual y realidad aumentada pueden ser de utilidad para la formación preventiva, permitiendo el aprendizaje de una manera más real. También la utilización de drones puede tener, como finalidad, la vigilancia y control de las medidas preventivas, y la supervisión y realización de tareas que podrían ser peligrosas para los trabajadores. Por otro lado, los sistemas inteligentes pueden aplicarse eficazmente para el control de equipos de protección individual, incluyendo sensores capaces de detectar y almacenar información sobre el adecuado uso de los equipos por parte del operario, o la circulación del trabajador por lugares en los que no está adecuadamente protegido. Estas consideraciones pueden ser de especial interés y aplicación en aquellos procesos en los que, la situación de seguridad (o, mejor dicho, de peligrosidad) está cambiando continuamente a lo largo del proceso productivo, como es el caso de la industria de la construcción.

En relación a los métodos actuales de evaluación de riesgos, parece lógica la necesidad de modificarlos; ya que, los factores a valorar en este nuevo ambiente de trabajo, donde coexistan máquinas y personas, también cambiarán significativamente.

En general, la Industria 4.0 supone un desafío que va a transformar nuestra manera de trabajar y de vivir, pero también ofrece muchas oportunidades de mejora. Esperemos que también se produzca una “Prevención 4.0” para la mejora de la prevención de accidentes y enfermedades profesionales.


María Martínez Rojas
Ingeniera de Edificación
Personal Docente e Investigador
Universidad de Málaga

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© Cátedra Prevención y Responsabilidad Social corporativa 2011. Actualizada el 23/07/2017
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